Segunda Venida (IV): Desviaciones Históricas del Postmilenialismo

INTRODUCCIÓN

En nuestra entrega anterior, analizamos las premisas exegéticas del Postmilenialismo y cómo su optimismo histórico respecto a una «cristianización total del mundo» antes de la parusía entra en tensión con las advertencias de nuestro Señor Jesús y de los apóstoles sobre la apostasía de los últimos días.

En esta cuarta sección, es indispensable pasar bajo la lupa de una hermenéutica sana y ortodoxa las ramificaciones e implicaciones prácticas que esta postura ha tenido a lo largo de la historia. Examinaremos cómo el concepto de «establecer el Reino en la tierra» sufrió desvíos peligrosos que terminaron por diluir el verdadero Evangelio de la gracia, y cómo la teología basada estrictamente en las Escrituras responde a estas corrientes contemporáneas.

I. EL «EVANGELIO SOCIAL» Y EL LIBERALISMO TEOLÓGICO

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el postmilenialismo puritano y bíblico —que originalmente confiaba en el poder del Espíritu Santo y la predicación de la Palabra— sufrió una metamorfosis doctrinal sumamente grave en Europa y América.

El liberalismo teológico adoptó la premisa postmilenial de «traer el Reino de Dios a la tierra», pero despojó al mensaje de sus fundamentos vitales: la necesidad del nuevo nacimiento, la realidad de la depravación total del hombre, la expiación sustitutiva de Cristo en la cruz y la obra soberana del Espíritu Santo.

El Reino comenzó a interpretarse no como la soberanía espiritual de Cristo en los corazones, sino como mero progreso humano, reformas sociales, mejoras educativas y pacifismo político. Esta flagrante antinomia con las Escrituras demostró que cuando el optimismo escatológico se humaniza, se termina cambiando la cruz por la utopía social, olvidando que el problema humano no es de entorno, sino de pecado.

II. EL RECONSTRUCCIONISMO Y LA TEOLOGÍA DEL DOMINIO (TEONOMÍA)

En las últimas décadas, el optimismo postmilenial ha resurgido con fuerza bajo las corrientes conocidas como Teología del Dominio, Reconstruccionismo Cristiano o Teonomía. Estas posiciones afirman que el mandato de la Iglesia en esta era es «tomar el control» y subyugar todas las estructuras políticas, judiciales, económicas y culturales del mundo para implantar el código legal mosaico antes de que Cristo regrese de forma física.

Sin embargo, la teología sana y ortodoxa responde con el testimonio claro y tajante del Nuevo Testamento:

  • La declaración del Rey: Nuestro Señor Jesucristo fue categórico ante Poncio Pilato al declarar: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían… pero mi reino no es de aquí» (Juan 18:36).
  • El llamado de la Iglesia: El cuerpo de Cristo no está llamado a gobernar geopolíticamente las naciones de la tierra en la era presente, ni a imponer la justicia por decretos humanos. El llamado de la Iglesia es a ser luz, sal y un remanente fiel que pastorea las almas y predica el arrepentimiento para salvación.
  • El carácter peregrino: La Escritura describe constantemente a los creyentes en esta dispensación como «extranjeros y peregrinos» (1 Pedro 2:11), advirtiendo que el sistema del mundo nos aborrecerá, tal como aborreció a nuestro Maestro (Juan 15:18-19). El dominio absoluto sobre las naciones hostiles le pertenece de forma exclusiva al Rey de reyes, y lo manifestará únicamente en Su parusía gloriosa.

III. EL VEREDICTO DE LA HISTORIA Y LA SOBERANÍA DE LA PALABRA

La historia misma se encargó de derribar el optimismo secularizado del postmilenialismo. El siglo XX, lejos de convertirse en la «era dorada de paz y cristianización» que los teólogos de esta postura vaticinaban, se vio sacudido por dos guerras mundiales devastadoras, el auge de totalitarismos ateos destructivos y una apostasía masiva en las naciones que antes profesaban el cristianismo.

Este duro baño de realidad histórica no hizo más que confirmar la infalibilidad y veracidad de la profecía bíblica. El apóstol Pablo, guiado por el Espíritu Santo, ya había dejado asentado el panorama del fin de los tiempos: «También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos… mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados» (2 Timoteo 3:1, 13).

La Escritura no puede ser quebrantada. El clímax de la historia humana no será una sociedad perfeccionada de manera gradual por el esfuerzo eclesiástico o político de los hombres. El fin de esta era vendrá mediante un acto soberano, cataclísmico e interruptor: la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo, quien destruirá las estructuras del anticristo con el soplo de su boca y establecerá Su verdadero Reino milenial con vara de hierro (2 Tesalonicenses 2:8, Apocalipsis 19:15).

CONCLUSIÓN

El análisis profundo del Postmilenialismo nos deja una advertencia fundamental: cualquier sistema escatológico que mueva la mirada de la Iglesia de la urgencia del retorno inminente de Cristo, y la enfoque en la edificación de un reino terrenal presente, corre el riesgo de desviarse hacia el activismo humano.

Nuestra bendita esperanza no descansa en un mundo mejorado por las estrategias de los hombres o los gobiernos, sino en el regreso glorioso de nuestro Salvador. La victoria final está garantizada, pero no vendrá desde abajo a través de los esfuerzos del mundo, sino desde los cielos cuando el Rey regrese por los Suyos. ¡Maranata, el Señor viene!