Las Posturas sobre la Segunda Venida (I): Fundamentos para una Hermenéutica Sana

El estudio de la escatología y, específicamente, el tiempo y la naturaleza de la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo (la Parusía), es uno de los temas que más apasionamiento y, desafortunadamente, división ha causado en la Iglesia Cristiana evangélica. Sin embargo, abordar este tema no debe ser un ejercicio de especulación humana, sino de sumisión reverente a la Palabra de Dios.

Para iniciar esta serie de estudios donde analizaremos y evaluaremos las diferentes posturas interpretativas a lo largo de la historia, es indispensable fijar primero nuestros pilares metodológicos. No podemos examinar ninguna postura sin antes definir las reglas bíblicas con las que mediremos la verdad.

1. El principio de la No-Antinomia

El primer axioma de una teología ortodoxa es que en la Biblia no existen las antinomias. Una antinomia es una contradicción aparente entre dos leyes o principios legítimos. Como la Escritura es inspirada por el Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16), Dios no puede contradecirse a sí mismo.

Si una postura escatológica para sostener su sistema necesita «forzar» un pasaje bíblico, anular el sentido de otro, o afirmar que dos textos inspirados se contradicen en su cronología, entonces esa postura contiene un error de raíz. La verdadera interpretación bíblica es armónica; todos los textos sobre el fin de los tiempos deben encajar perfectamente sin destruir la verdad de ninguno.

2. Hermenéutica General y Hermenéutica Especial

Para interpretar las profecías de manera sana, debemos manejar con precisión dos herramientas:

  • Hermenéutica General (Literal-Gramatical-Histórica): Debemos tomar el texto bíblico en su sentido más natural y literal, considerando el contexto histórico en el que fue escrito y las reglas gramaticales, a menos que el propio texto indique claramente el uso de un lenguaje figurado. Las promesas de Dios son firmes y no se pueden «espiritualizar» al antojo del intérprete.
  • Hermenéutica Especial: Reconocemos que la profecía, las parábolas y los textos apocalípticos recurren a figuras literarias, símbolos y tipologías. Sin embargo, una figura literaria o un símbolo no anulan la realidad histórica o futura, sino que la iluminan. El símbolo tiene un significado concreto que la misma Escritura se encarga de descifrar en su propio contexto.

3. Una perspectiva estrictamente Cristocéntrica

La profecía no fue dada para satisfacer la curiosidad intelectual sobre el futuro, ni para crear calendarios humanos especulativos. El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía (Apocalipsis 19:10).

Toda la teología y la escatología que estudiemos debe converger en la persona, la obra, la gloria y la manifestación de Jesucristo. Cualquier postura que desvíe el foco de atención de la centralidad de Cristo y de nuestra gloriosa reunión con Él, pierde el rumbo doctrinal.

Conclusión y próximos pasos

Dios no es Dios de confusión. A lo largo de esta serie, utilizaremos estos tres filtros —la no-antinomia, la hermenéutica sana y la centralidad de Cristo— para poner bajo la lupa de las Escrituras las principales corrientes históricas: el Amilenialismo, el Postmilenialismo y las variantes del Premilenialismo. Nuestro objetivo final no es defender una tradición humana, sino postrarnos ante la literalidad y fidelidad de la Palabra de Dios.

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