“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la Palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe”
Hebreos: 13,7.

A mi amado y muy recordado pastor (Aquel, que entre otros, usó Dios en su misericordia para poner las bases de mi caminar en Cristo)
Alguna vez dije predicando en la iglesia que usted pastorea; que seguiría siendo mi pastor, sin importar el lugar donde estuviese, o el tiempo que pasase.
Pues ha pasado bastante tiempo (Unos once o mas años) y me encuentro bastante lejos (A unos 15.000 Kms).
En estos once o más años, han pasado muchas cosas, he conocido muchos lugares, he experimentado el predicarle a culturas diferentes, en países diversos, y todo esto me ha llevado por un camino diferente en cuanto a las normas y doctrinas aprendidas mientras estuve a su lado.
He estudiado, me he capacitado un poco más, he aprendido desde diferentes puntos de vista, teniendo siempre la Palabra de Dios como fundamento de mi estudio, de mi vida, de mi ministerio, y de mi conducta.
Con todo lo vivido en la obra (Denominación, Iglesia, Concilio) donde usted me pastoreo, donde recibí los rudimentos (Algunos, por desgracia no todos) de la Palabra de Dios, esto que viví debo confesarlo: Me robo, me quito, me sustrajo gran parte de mi ilusión por servirle a Dios en el pastorado (Usted sigue en esa obra y conoce muchas cosas que aún suceden). Aún soy pastor, aún predico, pero estoy pidiéndole al Señor, me guíe para no hacerlo de la manera que lo hice estando en esa obra. (Lo malo, el engaño, la mentira, la hipocresía, la calumnia y todas esas cosas malas que siguen sucediendo, sin contar pecados groseros y escandalosos, debidamente ocultados, prevalecen sobre las cosas buenas aprendidas)
Es mi reto, es mi meta, es mi petición; seguir pastoreando, seguir predicando, pero haciéndolo de manera que agrade al Señor Jesucristo y no a un hombre o dirigente, como desgraciadamente se me enseño (No directamente, pero si cada día con predicaciones, con actitudes hacia esos hombres)
El apóstol Pablo se propuso solamente predicar a Cristo y a este crucificado, ese es mi deseo, hacerlo a tiempo y fuera de tiempo, predicarlo muerto y resucitado, pero también predicar su venida y nuestra reunión con Él.
Por medio de estas cartas que publicare periódicamente, le expondré una serie de cuestiones, todas lógicamente, tendrán que ver con la Palabra de Dios, con la doctrina del Señor Jesucristo, con las enseñanzas de los hombres, con las posturas de las iglesias, con lo sucedido en el concilio donde trabaje durante tantos años, con nuestra mutua esperanza de la vida eterna.
Le comentaré mi postura de ciertos puntos doctrinales, le expondré con bases bíblicas, mis puntos de vista, se los comentaré (Al escribirlos no espero una respuesta) es el medio que uso, para también comunicarlo a todo aquel que desee leer estas “Cartas a mi pastor”.
Tengo por cierto que deberé tocar temas hasta cierto punto tabú en la iglesia que usted ministra (No se pueden comentar, ni discutir, sin ser tildado de rebelde, hereje etc.)
El primer comentario o tema que deseo exponer es: ¿Permite Dios el divorcio y nuevo matrimonio por algún caso?, o ¿es, como se enseña en muchas iglesias algo vetado de plano por Dios?
Tratare primero este tema ya que es algo que atañe a mi propia vida y además es algo que atañe la vida de miles y miles de creyentes (Sinceros) en todo el mundo.
En mi corazón deseo lo mejor para usted, su familia y la iglesia que por la gracia de Dios pastorea, así mismo deseo que estas “Cartas a mi pastor” sean bendición para todo aquel que las lea.
Germán R. Valenzuela M.
Pastor.